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11º Foro Cultura y Naturaleza. Caminar: una forma de conocer (se)

11º Foro Cultura y Naturaleza. Caminar: una forma de conocer (se)

Se han multiplicado en estos últimos tiempos los itinerarios culturales y naturales, tanto a nivel europeo como a nivel nacional, regional o local en los diferentes países europeos. En algunos casos – la ruta de la seda, por ejemplo – esos itinerarios transcienden el continente europeo. Parece como si el senderismo y los “green ways”, tan populares en épocas pasadas vayan cediendo terreno – o territorio – a los itinerarios culturales, “senderos con argumento”, que se han convertido en un fenómeno social. Ya sean itinerarios de peregrinación, con el Camino de Santiago a la cabeza y su lógica prevalencia espiritual, ya itinerarios que recuerden hechos y  personajes, históricos, ya caminos que inviten al conocimiento, comprensión o lectura del paisaje y otros valores naturales.

Su proliferación ha sido tal, que poco a poco van formando auténticas redes sociales sobre el territorio. La inscripción de itinerarios de peregrinación o de itinerarios culturales en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, la creación de un Acuerdo Parcial entre los Estados interesados por el Consejo de Europa para gestionar sus propios itinerarios culturales, la existencia del Instituto Europeo de Itinerarios Culturales en Luxemburgo – decano de este fenómeno en el ámbito europeo – prueban su creciente dinamismo y aceptación social. La inminencia de algunas celebraciones, como el Año Santo Lebaniego, traslada ese dinamismo a ámbitos muy concretos, con programaciones extraordinarias por parte de las Administraciones respectivas.

Muchos de estos itinerarios, su recorrido, sus puntos culminantes, su patrimonio cultural o natural y su propio devenir histórico, han sido objeto de discusión, estudio diseño e investigación a medida en que se incrementaba su frecuentación. Se han conciliado, incluso, aspectos que parecían difíciles de fusionar, como es la ya mencionada dimensión espiritual y cultural  de algunos itinerarios, especialmente en aquéllos que históricamente fueron, además, una vía de civilización, como es el caso de los Caminos de Santiago. Todos los itinerarios – especialmente los que se recorren a pie – han constituido un espacio común, al que acuden y que recorren decenas de miles de personas, especialmente jóvenes de diferentes procedencias geográficas, espirituales y culturales.

Pocas veces, sin embargo, se ha puesto de manifiesto y se ha promovido el hecho de que caminar es una forma de conocer. De conocer el paisaje, de conocer el territorio, de conocer la historia. Pero, también, una gran oportunidad de conocerse a sí mismo y de conocer al otro, de conocer a la persona, hombre o mujer, con la que se comparte esa gran experiencia de caminar, de dialogar, de comunicar en definitivo, de admirar conjuntamente, apropiándose de bienes materiales e inmateriales, que resultan fundamentales para llenar ese vacío de convivencia que fragiliza nuestra sociedad y amenaza su cohesión.

 

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