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12º Foro Cultura y Naturaleza. Año Europeo del Patrimonio Cultural. Conjugar la iniciativa pública con la iniciativa privada

El Parlamento Europeo y la Comisión Europea decidieron conjuntamente que este año de 2018 se celebre el Año Europeo del Patrimonio Cultural. Es la tercera vez que las instituciones europeas lanzan una campaña semejante, de ámbito continental. Lo hizo anteriormente el Consejo de Europa en 1975 y, por decisión de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Viena (1993) el año 2000.

El Año 1975 supuso el comienzo de las políticas europeas de Patrimonio Cultural, la definición de un nuevo concepto de patrimonio cultural – más amplio, con inclusión de nuevas categorías de bienes – y la introducción de ese concepto en las políticas de planificación urbanística y de Ordenación del Territorio.

Este año, sentó las bases para la elaboración dos nuevos instrumentos o Tratados internacionales, ya con eficacia jurídica en el territorio de los Estados que los han firmado y ratificado: el Convenio para la Salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa (Granada, 1985) y el Convenio para la Protección del Patrimonio Arqueológico de Europa (La Valetta, 1992).

La Campaña del año 2000, llevó a sus últimas consecuencias este nuevo concepto y confirió al territorio una dimensión claramente patrimonial, a través del Convenio Europeo del Paisaje (Florencia 2000), ya en vigor también en la mayor parte de los países europeos, con todo lo que ello comporta en el plano de la organización del espacio, de la vida cotidiana de los ciudadanos y de la cohesión social.

La decisión conjunta de dedicar una nuevo Año al Patrimonio Cultural, por parte – esta vez – del Parlamento y de la Comisión de la Unión Europea - viene a recordarnos que el patrimonio cultural no es tan solo un conjunto de bienes históricos o artísticos, sino que está constituido por una serie de valores de orden espiritual, de orden ético y de orden intelectual, cuya expresión material constituye lo que hemos considerado, hasta ahora, como herencia cultural común de todos los europeos. Es un patrimonio de valores que define nuestra identidad, que ha hecho de lo que denominamos Europa una forma de ciudadanía democrática y que fundamenta nuestro propio modelo de sociedad.

Máxime, en un momento de convulsión y de fuerte mutación social como el que vivimos, cuando surge la necesidad de proponer un modelo de sociedad a las nuevas generaciones. De acuerdo con nuestro devenir como europeos, esa sociedad sólo puede ser de orden humanista y el patrimonio cultural, en el sentido en que ahora lo entendemos, constituye uno de sus factores esenciales. 

Esa tarea, sin embargo, exige innovación del sector público y con el sector privado, donde surgen nuevos actores: se multiplican las Fundaciones, Asociaciones, Colectivos profesionales y sociales, o las iniciativas individuales de las personas físicas, simples ciudadanos muchas veces, que comparten esa misma ambición. El Foro analizará esas diferentes iniciativas, ya se trate de conservación o de restauración, de acceso social a esos bienes o de su divulgación, de instituciones públicas o de propietarios de bienes muebles o inmuebles entre los cuales cala, cada vez con mayor fuerza, esta nueva inquietud social. Con especial participación de los responsables de comunidades educativas y pedagógicas, en el marco de los sistemas escolares o de las actividades extraescolares, que deben hacer inteligibles los bienes culturales y los valores que esos bienes encarnan.

Su correcta interpretación, por parte del sector público y del sector privado constituye la mejor contribución a la definición de ese modelo de sociedad que hemos de forjar, a partir de lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que las nuevas generaciones aspiran a ser en el futuro.
 

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