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8º Foro Cultura y Naturaleza - Evolución e Involución de las Políticas de Patrimonio

8º Foro Cultura y Naturaleza - Evolución e Involución de las Políticas de Patrimonio

En nuestra sociedad global y de la comunicación, todos nos hallamos inmersos en un proceso de profunda mutación social. Mutación de valores, mutación de conceptos, mutación de comportamientos individuales y sociales. Uno de los muchos fenómenos que caracterizan esos procesos – donde se funden las culturas, se confunden las religiones y se fusionan las razas – es la afección al patrimonio cultural. Unas veces, para profundizar en las propias raíces y confortar nuestra propia identidad, cuando no nuestras propias certezas. Otras, para aproximarnos, comprender y aceptar al otro.

Lo cierto es que nunca se había producido una evolución tan decisiva en el concepto mismo y en las prácticas de patrimonio, tanto cultural como natural, como en el curso de los últimos cuarenta años, desde aquélla primera Conferencia Europea de Ministros responsables de los Bienes Culturales, que el Consejo celebrara en Bruselas, el año de 1969. Siguieron los Convenios de la UNESCO, el Año del Patrimonio Arquitectónico Europeo en el año 1975, las Conferencias de Ministros y los propios Convenios del Consejo de Europa que, más allá de su influencia en las políticas y en las prácticas iniciaron una evolución del concepto mismo de patrimonio, en una diversidad tipológica también nueva, que fue desde la mera consideración del monumento aislado, hasta la noción de conjunto y la nueva noción del paisaje, en sentido amplio, hasta converger con la noción de patrimonio cultural en lo que hemos denominado muchas veces una nueva inteligencia del territorio. Una inteligencia que nos hace contemplar el patrimonio en su dimensión territorial.

Esa evolución ha sido compartida con entusiasmo por Gobiernos, Administraciones, medios universitarios y académicos, expertos y ciudadanos. Puede afirmarse que figura como una exigencia social, entre las reivindicaciones de los propios ciudadanos. Sin contar con el entusiasmo que desata la proclamación de sus valores entre los gobernantes o entre quienes aspiran a serlo. Basta con recordar los alardes y entusiasmos oficiales que desata la integración de una ciudad o de un monumento en la lista de Patrimonio Mundial. Nunca, podríamos decir si nos atenemos a esas muestras de entusiasmo, el patrimonio – tanto cultural como natural, habría alcanzado un grado de aceptación semejante. Y ello por parte de todas las culturas, religiones o grupos étnicos.

La realidad nos muestra, sin embargo, que el entusiasmo por esa evolución se torna, de forma sutil y perversa, en involución cuando se trata de traducir en realidades esos conceptos. Los procesos de planificación, la especulación del suelo o la explotación económica de esos bienes, por citar tan sólo algunos ejemplos, suelen producir un efecto contradictorio, que lleva a recorrer esa evolución en sentido inverso, hasta reducir las proclamadas de patrimonio en la intervención sobre monumentos singulares o paisajes pintorescos. Lo cual significa regresar, cuarenta años después, al punto de partida.

Se trata de una perversión, apenas perceptible en su trayectoria, pero enormemente visible en sus resultados finales, que el VIII Foro Cultura y Naturaleza se propone analizar, con la participación de quiénes han sido o son protagonistas de esa evolución, en sus diferentes niveles.

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