Inicio / Actividades / CURSOS Y SEMINARIOS / Ciudad y territorio: Santander y su había

Ciudad y territorio: Santander y su había

Ciudad y territorio: Santander y su había Los últimos 50 años han supuesto grandes transformaciones para las ciudades. El aumento de tamaño y el incremento de población, las migraciones campo ciudad, la pérdida progresiva de residentes en sus centros históricos, unas veces terciarizados, otras, marginados o “tugurizados” que, una vez regenerados, son colonizados por el turismo y la hostelería. Poco a poco, han pedido buena parte de su función residencial y comercial -pequeño comercio, oficios artesanales … - su capacidad para generar cohesión social y para facilitar la convivencia, hasta desembocar en un proceso de pérdida de identidad, que altera el concepto mismo de ciudad. Con lo que ello supone, además, de pérdida de sus recursos productivos. Mientras, su crecimiento desmesurado desdibuja para siempre la relación entre la ciudad y su entorno, se devalúa su territorio - salvo en la especulación del suelo - alterando tanto su propio paisaje urbano como periurbano, cuya gestión exige el Convenio Europeo del Paisaje (Florencia, 2000).
La búsqueda de un modelo de ciudad que satisfaga las necesidades vitales y no solo económicas del ciudadano implica reconocer y potenciar sus propios elementos identitarios, patrimoniales, urbanísticos y naturales, además de su capacidad para influir en el territorio donde cada ciudad se ha ido configurando a lo largo del tiempo, así como de los procesos circulares que siempre han existido entre la ciudad y su territorio. Sin hablar de las relaciones personales, y no virtuales, y la valorización de los recursos locales o de los recursos paisajísticos, culturales o patrimoniales de cada lugar.
Nos hallamos inmersos, por otra parte, en un proceso de profunda mutación social, agravado por las consecuencias humanas y económicas acarreadas por la terrible pandemia COVID que sufre la humanidad. En circunstancias donde no resulta aventurado pensar que, seguramente, tendremos que vivir, que viajar y que trabajar de otra manera. De entrada, ya se combate el despoblamiento rural, perdida su condición de panacea para alcanzar una vida mejor. Es decir, que nuestro modelo de sociedad ha comenzado a cambiar y todo apunta a un modelo futuro, todavía sin definir.
Por otra parte, en la dialéctica entre las ciudades que han crecido sin mesura y los asentamientos rurales, cuyo devenir parece cambiar, surge el interés hacia las ciudades de tamaño medio en ese nuevo modelo de sociedad, a las que ya se denomina “slow cities”. Ciudades apacibles, donde resulte posible vivir y trabajar de una manera y a un ritmo diferente. 
Luigi Fusco Girard, en un reciente artículo, señala como en Italia se inicia con fuerza el movimiento hacia las “slow cities”, que podríamos denominar en español ciudades apacibles. Unas ciudades que se caracterizan por su vida tranquila, que permite a sus habitantes vivir despacio. Privilegiando y valorando las tradiciones y las formas tradicionales de hacer las cosas. Ciudades que se alzan contra las “fast line” y ese mundo homogéneo que se encuentra por todo el mundo. Ciudades con menos tráfico, menos ruido, menos gente.
La ciudad de Santander resulta paradigmática como ciudad mediana, que ha sufrido transformaciones sin cesar durante los últimos ciento cincuenta años. Centro de un territorio excepcional por sus valores paisajísticos y de lo que quizá sea una de las más bellas bahías de nuestro país, con intensa actividad histórica de comercio marítimo y navegación, tanto comercial y pesquera como deportiva y sus propios astilleros. Sin olvidar el frente litoral que cierra la Bahía, frente a la fachada marítima de Santander, con una notable actividad marisquera, entre otras. 
La ciudad de Santander parece, pues, un lugar oportuno para organizar encuentro sobre el papel de las ciudades medidas y su capacidad como epicentro dinamizador de su propio territorio y Bahía, mediante una estrategia integrada para desarrollar sus propios recursos naturales, paisajísticos y culturales. Que son muchos.